Entre los principales elementos que ayudan a la gran mayoría de sujetos a irse realizando y poder dar razón de manera valiosa de su existencia, está entre los más importantes desde nuestra perspectiva, la familia y el trabajo. Nuestras respectivas vidas pueden dividirse en áreas, pero que no están aislados, sino interconectados. Presentaremos la relevancia de la vida laboral y el impacto que tiene en la edificación del sentido de vida.
Con certeza, digamos de entrada que no existe un sentido de vida universal, es decir un elemento que oriente y de sentido a la existencia de todos los seres humanos en las mismas condiciones y de la misma manera, sino que cada uno, en su singularidad da el sentido que está en consonancia con su propia vida, sus propios objetivos, de acuerdo a la etapa en la cual se encuentra como sujeto, y eso se da porque somos igualmente distintos. En este sentido, la responsabilidad está en las manos de quien decide iniciar el camino que lleva a su propia realización existencial.
Se logra encontrar el sentido de vida a través de tres vías, según Frankl V. (1991):
1-Realizando una acción
2-Teniendo algún principio
3-A través del sufrimiento.
Lo anterior significa que el sentido de vida puede encontrarse cumpliendo un logro, mediante un ideal como el amor hacia una persona o bien por el sufrimiento. Esta última vía es precisamente la que vivió V. Frankl y dijo en precisamente que al aceptar el reto de sufrir valientemente, la vida tiene hasta el último momento un sentido y lo conserva hasta el fin, literalmente hablando.
La experiencia del vacío existencial es aterradora, sin embargo, bien asumida, lleva a manifestar la esencia humana como lo afirma Frankl V., (2014). Estar en constante búsqueda del sentido de las cosas no es tarea fácil, pero es la perspectiva en la cual se encuentra siempre el hombre. A esto, Frankl le llama “voluntad de sentido”, que parece permanecer siempre insatisfecha en la actualidad.
No cabe duda, en algún punto clave de la vida, se experimenta ya sea una sensación de vacío, por logro no alcanzado, o esta misma sensación durante los cambios profundos: pérdida de un ser querido, cambio de objetivo existencial, como el querer cambiar de carrera, por contemplar un futuro impreciso y con muchas dificultades etc.
Entre las ciencias que se proponen y que ayudan al hombre a irse orientando, está la “logoterapia”, porque busca precisamente ampliar el concepto del hombre, incluyendo las aspiraciones más elevadas del mismo, sus potencialidades y sobre todo la voluntad de sentido. Es bueno precisar parafraseando a Frankl V., que la voluntad de sentido no es tan sólo una cuestión de fe, sino también un hecho. Eso nos da a entender que en realidad la voluntad de sentido quiere que el sujeto en busca, se implique realmente, que sea pragmático hasta cierto punto. No podemos olvidar que es algo axiomático, no obstante, el involucrarse en encontrar dicho sentido es clave.
Buscar el sentido de vida, supera la simple necesidad de conseguir algo específico, un estado de vida, una condición social. Pienso al final que es poder dar razón de lo que hacemos, por qué y para qué, sin importar el punto de partida, ya sea el dolor, un ideal o una acción. No podemos evitar en este proceso algunas frustraciones, pero la certeza de la voluntad de sentido es criterio de manifestación de lo esencialmente humano y sobre todo criterio fiable de salud mental, y debe ser alentador para mantenerse en la misma búsqueda progresiva.
Cuando se va construyendo el sentido de vida en torno al trabajo, es sin duda un proceso noble, sin embargo, uno puede toparse con varias dificultades que se atacan inmediatamente a lo más sensible de la misma existencia: las convicciones, las creencias. Vale la pena precisar lo que se entiende por vida laboral, aunque parezca evidente: conjunto de actividades que se realizan casi a diario, a lo largo de los años, teniendo como contraparte una remuneración, siendo la principal fuente de sustento de la vida. Hoy día, cuando hablamos de vida laboral, una expresión se destaca: el síndrome de desgaste profesional u ocupacional, el burnout. El síndrome de desgaste ocupacional, combina en realidad los siguientes elementos:
- Profunda fatiga
- Falta de interés en la actividad profesional
- Sensación de fracaso e incompetencia en el trabajo.
El burnout se considera como el resultado de un estrés laboral crónico, generalmente vinculado a una sobrecarga de trabajo. Cuando ocurre, se ven afectados automáticamente la motivación y la autoestima. Como síntomas, se puede hablar de cansancio emocional, despersonalización, que puede llevar a la deshumanización, indiferencia en el trato con las personas y bajo deseo de realización personal.
Como vía de salida, sin duda, es necesario buscar apoyo profesional. Desde luego, es recomendable evaluar los intereses personales, habilidades y pasiones, para un posible reajuste de trayectoria profesional. Y en última instancia, realizar una actividad física, específicamente deportiva. No es de más precisar que el agotamiento es una forma de DEPRESIÓN. Desde la experiencia personal, el burnout persigue sin cesar a profesionistas, y hay muchos riesgos de aislarse de los demás colegas sobre todo. Uno experimenta en realidad una pérdida de pasión por lo que se está ejerciendo. En efecto, una de las resoluciones puede ser replantearse lo que apasiona, y la sociedad de hoy se va prestando cada vez más a este ejercicio: invitar a cada sujeto a descubrir y a hacer lo que le guste. Pero ante algunas exigencias de la vida, muchos terminan haciendo lo que está a su alcance o se dedica a lo primero que encuentra, como para resignarse y para no buscar más, pensando que la superación personal es imposible.
Referencias:
Francisco Shibata (2019, abril 28). Síndrome de desgaste profesional ocupacional burnout.
Franckl E. V. (2014). La coluntad de sentido. Psicoterapia y humanismo. FCE-Fondo de Cultura Económica.
Franckl E. V. (1991). El hombre en busca de sentido. Barcelona. Herder
Desmond Mékontso Tchiffo
Psicólogo Evaluador y clínico, realizando una maestría en Psicoterapia Psicoanalítica

