Comprender la cuestión del mal desde la PSICOLOGÍA

La cuestión del mal, al igual que la cuestión de la muerte, no ha dejado de estar al centro de la atención de los pensadores de varias disciplinas científicas, precisamente porque parece ser una cuestión enigmática. Las principales preguntas en torno a la cuestión del mal son las siguientes: ¿Por qué existe el mal? ¿De dónde viene el mal? ¿A quién se le imputa la existencia del mal en el mundo? ¿Es posible erradicar el mal de nuestras sociedades? 

2-Desde la psicología

Para los filósofos, la presencia del mal se justifica por la ausencia del bien. El dilema que sustenta esta posición es que el mal es increado, es una realidad que existe al menos que el hombre deje de realizar cosas buenas. Dos disciplinas principales de la filosofía pueden ser de gran ayuda para centrarse en dicha cuestión: la Teodicea y la Filosofía de la Religión. El filósofo Leibnitz en su libro “Teodicea” (1969, 19) afirma que “el origen del mal es el resultado de la privación.” A partir de esta definición, cabe preguntarse: ¿Qué hay que entender por privación? Siendo una cuestión un tanto compleja, algunos autores la asemejan al vicio, y resulta que este último “no es una substancia viva y animada, sino una afección del alma contraria a la virtud, procedente del bien; de manera que no hay necesidad de buscar un mal primitivo, y tampoco hay necesidad de buscar el origen del mal en la materia.” (San Basilio, citado por Leibnitz, 1969, 19). Al analizar con cuidado lo anterior, hay que disculpar sin duda a Dios, diciendo que el mal no ha sido creado por él, por ende, no puede ser el responsable de la presencia del mal en el mundo. 

Paul Ricœur recalca también que “Dios es todopoderoso, Dios es absolutamente bueno, sin embargo el mal existe.” (2004, p. 20). Aquí nos plantea el histórico dilema sobre Dios: si Dios es realmente todopoderoso, tiene la capacidad de erradicar el mal sobre la faz de la tierra. Sin embargo, si no lo hace, hay que dudar de su poderío, y entonces no es un Dios todopoderoso, porque deja que el mal siga existiendo. El punto de inflexión es que si existe el mal, ya sea físicamente o moralmente, ¿cómo es posible que Dios no lo haya autorizado? Acaso ¿no es realmente un límite a su poderío, o a su bondad, o pensando más radicalmente, no es un argumento a favor de su inexistencia? 

3-Desde la Teología

Para la teología, la cuestión del mal empieza con la misma imperfección del hombre. La condición humana, dada las debilidades que pueda padecer, ya es víctima del mal. La condición limitada del hombre lo vuelve de entrada presa del mal, precisamente porque se puede enfermar, envejecer, eso en teología ya lo considera como manifestación del mal. Esa imperfección inherente con la cual el hombre ha sido creado, ya hace que el mal sea una realidad inevitable. Una de las herramientas que la teología provee al hombre para que entienda el origen del mal en el mundo es el texto de la creación (Gn 1-2) en el cual los personajes principales son Adán y Eva (Hombre y Mujer), y por su culpa el mal entra en el mundo. 

El elemento en juego, más allá del mal, es la libertad de asumirse o de depender totalmente de Dios. Al decidir comer de la fruta del árbol prohibido, la manzana, que en realidad es el mal en sí, el Hombre decide asumirse, y no depender de Dios. Esa es precisamente la principal justificación teológica de la existencia del mal en el mundo. Teológicamente hablando, la existencia del mal en el mundo se debe a la desobediencia del Hombre, y el mal persiste precisamente porque el Hombre no deja de comer de la fruta del árbol prohibido todos los días. 

4-Desde la Psicología

La cuestión del mal en psicología nos entrena inmediatamente en el campo de la psicología social. Para elaborar un discurso sobre la cuestión del mal en psicología, es necesario retomar los aportes de Hanna Arendt, quien habla claramente de la banalidad del mal en su libro “Eichman en Jerusalén”. La condición humana según Hanna Arendt está determinada por tres factores: la vida, la mundanidad y la pluralidad, que corresponde respectivamente a la labor, el trabajo y la acción. La labor es una actividad ligada a la necesidad, por lo tanto, ayuda a mantener la vida. El trabajo nos ayuda a cubrir la necesidad de materialidad, haciendo referencia a todo lo exterior. La acción es el tercer elemento más importante, porque es a través de él que decidimos qué hacer, y qué queremos ser. El Hombre es ser de acción, y a través de las acciones se manifiesta como es. Las acciones tienen repercusiones en el mundo, por lo tanto, hay que ser responsable; es el principio de la libertad. La gran pregunta entonces es ¿cómo debe uno actuar? Se puede hacer según las normas, o se puede limitar a obedecer. No hay que dejarse llevar, sino que hay que pensar en quien es uno, y ver si hay armonía entre el pensamiento y la forma de actuar.

Esta autora menciona que existe dos tipos de mal: el mal radical y el mal banal. El primero se da cuando el sujeto ha pensado y deliberado que unas acciones pueden ser dañinas, pero aún así las realiza. Sin embargo, los demás tienen que ser la medida de todas acciones, aquí es donde interviene la cuestión del bien común y del mal menor. Hay que tratar de ser imparcial y actuar siempre a favor del bien común. En cuanto al mal banal, cabe recordar que después de la segunda guerra mundial, se le pidió a Hanna A. que redactará una crónica sobre el caso Eichman, quien, trás la guerra, huyó a Jerusalén para evadir el tribunal de guerra. En su reflexión, plantea lo siguiente: “¿por qué Eichman no parecía malvado si lo que había permitido y en lo que había contribuido, era a todas luces un horror?” (Luis H. Rodríguez, 2014.) El soldado sólo cumplía órdenes del Estado y defendía su patria. Lo más curioso leyendo el libro “Eichman en Jerusalén”, es que el soldado no era capaz de defender su causa con argumentos sólidos, ni ideológicos, ni morales. El fondo de la pregunta anterior es: ¿Por qué una persona normal, que ni es malvada ni tiene mayores pretensiones que las de cumplir órdenes, se involucra en tamaña maldad? La respuesta es por UNA INCAPACIDAD DE JUICIO. El soldado, dada su condición tiene seguramente conocimientos, como acumulación de saberes, pero no tiene pensamiento, o una aguda capacidad crítica. Sus acciones se describen como el mal banal, que generalmente se comete por el contexto y la falta de juicio. 

Para los psicólogos, varios factores entran en juego al momento de entender una conducta: la dimensión genética, el entorno social y sobre todo la percepción que el sujeto tiene de la realidad que lo rodea. Un sujeto puede tener predisposiciones a actuar mal, pero su entorno puede ser de gran influencia para contenerlo. Desarrollar aptitudes críticas ante la realidad es fundamental, precisamente para posicionarse correctamente ante distintas situaciones que requieran que se tomen decisiones. 

Autor: Psi. Desmond Mékontso Tchiffo. (Realizando una Maestría en Psicología Clínica)

Referencias:

1-ARENDT Hanna; Eichman en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal, Editorial Lumen, 2003, Barcelona.

2-Luis H. Rodríguez. (2014). Hannah Arendt, sobre la banalidad del mal. https://www.newtral.es/hannah-arendt-sobre-la-humanidad-del-mal/20191014/

3-Paul Ricœur. (2004). Le mal. Un défi à la philosophie et à la théologie, Genève, Labor et Fides.